MCC-CDE

¿QUIENES SOMOS?

“Los Cursillos de Cristiandad son un Movimiento de la Iglesia que, mediante un método propio, posibilitan la vivencia y la convivencia de lo fundamental cristiano, ayudan a descubrir y a realizar la vocación personal, y propician la creación de núcleos de cristianos, que vayan fermentando de evangelio los ambientes”

En otras palabras se podría decir que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad es uno de los muchos grupos o movimientos de la Iglesia, uno de los medios que el Espíritu Santo ha inspirado para estar al servicio de Dios y los hombres.

El Cursillo es la evidencia de un triple encuentro: consigo mismo, con Cristo y con los hermanos. Manifestándose y proclamándose en una conducta, allí puede probarse y comprobarse que la verdad vibra en el corazón del hombre ante los valores cristianos, cuando éstos son vividos en plenitud y ofrecidos en gratuidad.

El Cursillo proporciona al que asiste y atiende con la disposición debida que consiste en aportar su ilusión, su entrega y su espíritu de caridad, el clima y el medio para: aceptarse como uno es, comprender que puede ser mejor, y hacer el camino en compañía.

EL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad tuvo sus inicios en Mallorca/España en la década del 40 (1940-1949), en el ceno de la Juventud de la Acción Católica Española (J.A.C.E.) y actualmente está diseminado en los cinco continentes, en más de 70 países.

El primer Cursillo de Cristiandad se dio en el Santuario de San Honorato de Randa, en Mallorca, España, entre el 7 y el 10 de Enero de 1949. El Equipo lo integraron P. Juan Capó, P. Guillermo Payeras, y el último día P. Sebastián Gayá, como directores espirituales, Eduardo Bonnin como rector, Bartolomé Ruitort, Andrés Rullán y Guillermo Estarelas como rollistas y Guillermo Font como auxiliar. Un equipo “especial” para un cursillo que a la larga resultaría también “especial”: ser el primero de la gran serie. Todo apoyado fuertemente por el “Obispo de los Cursillos”, Monseñor Juan Hervas y Benet.

En aquel tiempo estaba de moda una canción popular que siempre que acudían al café los Jovenes Cursillistas la hacían tocar y la cantaban, tanto que el grupo fue siendo identificado por los “De Colores”.

La letra fue cambiada y adquirió nuevos matices y otro sentido, tanto, que “estar de colores” significó y significa estar llenos de la Gracia de Dios, vivir con ÉL, comprometernos con Cristo y con el hermano, y se transformó en un Himno de Cursillos, que ahora se canta en todos los países en los que existe el Movimiento y anima todos los Cursillos y otras actividades que se realizan. Estar de colores es estar con el Señor.

EL M.C.C. EN EL ALTO PARANA, SUS INICIOS

Relato del P. José del Bosque

Son 38 años de aquel fin de Octubre de 1968, que organizamos la ida de la primera tanda de cursillistas de Pto. Pte. Franco, con destino a Asunción para hacer su Cursillo.

CÓMO SURGIÓ LA IDEA

Llevaba ya casi dos años de Párroco en Pte. Franco, joven como era, quería cambiar el mundo… Confieso que, en aquél Franco de esos años, me sentía muy solo ante las cosas que veía, y lo que se podría hacer. Aunque un poco cansado de una pastoral que no llevaba a la “conversión”, y al compromiso laical, sino que se basaba en la rutinaria costumbre de administrar sacramentos y celebrar misas, decidí, en agosto del 1968 tomarme un descanso de dos semanas, y me fui a Buenos Aires a despejar mi mente y mi corazón.

Todos los días pensaba qué hacer en Pte. Franco, y me venía continuamente a la mente una imagen provocada por el título de una película, que años atrás había visto, “Cielo sobre pantano”, sobre la vida de la adolescente Santa María Goretti. Esa era la imagen que yo asociaba con ese título constantemente cuando pensaba en la Parroquia, y sobre todo, conociendo, como conocía ya, nuestros grandes esteros en los que en ninguno faltaba, a pesar de todo, alguna flor, y me decía: “no es posible que de este otro pantano, sobre el que sale el sol de día y la luna y las estrellas se miran en él de noche, no pueda brotar algún lirio.” Y esto lo pensaba más y más.

Fue así, como una iluminación repentina, que se me ocurrió comenzar con los Cursillos de Cristiandad. Yo había hecho los Cursillos en España antes de embar­carme para América, y tenía muy presente en mi mente eso de “Vertebrar Cristiandad”, y el compromiso que había hecho en mi testimonio de cursillo: “llevarlo a todos los lugares donde me toque trabajar”, y creo, que lo he ido cumpliendo en estos casi 41 años de recorrer y aspirar el polvo de nuestra tierra colorada.

Era finales de Agosto del 1968, cuando regresé de Buenos Aires y comencé a pensar cómo lo haria. Me acuerdo que en una misa me largué sobre la comunidad diciendo que: “el estar bien sentados en los bancos de la Iglesia, escuchar la misa y marchar contentos para casa porque ya hemos cumplido, no bastaba, que la Iglesia necesitaba algo más”. Lo que dije más en esa homilía, posiblemente lo pueda recordar mejor que yo un Nícodemo, no el del evangelio de Juan, sino el de Pdte. Franco, cuyo nombre bien conocen: Barcilicio Leguizamón, que muy tímidamente, no me recuerdo si fue esa misma noche, o un día o dos después, llegó a la Casa Parroquial, una casita de madera de palo rosa toda ella, con techo de chapas finas de cartón (si mal no recuerdo se llamaban “ondalí”), a hablarme de lo que había dicho en la homilía del Domingo, y a preguntarme cómo podría renacer de nuevo.

Le propuse hacer un “Retiro” en Asunción en la “Piedad”, era el 9° Cursillo de Asunción. Hablamos de los que podrían ir, y así, en esos dos meses, Octubre y Noviembre, conseguimos a cuatro personajes: Don Totito Ávalos(+), César Bogarín(+), Víctor Penayo y Barcilicio Leguizamón. Era toda una expectativa, porque nadie sabía a lo que se comprometía, y sobre todo para alguien que había entrado en la Iglesia posiblemente cuando lo bautizaron. Con Leguiza, sin querer, en esos dos meses, hablamos mucho de todo; de forma que yo, ya iba pensando en trabajos inmediatos y de futuro, no sólo en el ámbito Parroquial sino también social, como el costurero, la farmacia, las ayudas desde Caritas con alimentos, las capillas y escuelas en las compañías, el pago de maestras, el centro juvenil, etc.

Después de este preámbulo, creo que Totito Ávalos(+), Barcilicio Leguizamón, César Bogarín(+) y Víctor Penayo, se pueden acordar mejor que yo, de tantos esfuerzos y trabajos que hicimos.

Después de esto, vosotros mismos ya sois historia de lo que hicimos por el Cursillismo y con los Cursillistas en Pte Franco y que después se extendió por todo el Alto Paraná y Canindeyu.

 

 

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